Archive for 22 agosto 2009

La vida es un río.

Posted on 22 agosto 2009. Filed under: La vida es un río. |

“Nadie se baña en el mismo río dos veces porque todo cambia en el río y en el que se baña.”

Heráclito

Nada en la vida es casual;  cada hebra que tejemos , cada puntada que damos, cada hilo que se suelta, nos transforma en un paño de tela de un tramado único e irrepetible. Como Penélope, tejemos y destejemos, nos equivocamos y aprendemos, avanzamos 5 pasos y retrocedemos 3.

Y fluímos, como el líquido sagrado de la vida, el agua que mana pura y vital, y que inicia un camino muchas veces incierto pero imposible de detener. Somos agua que corre o se agita, dulce o salada, de un verde profundo o una marrón turbulento, siempre en búsqueda de un cauce que nos albergue y nos transforme definitivamente.

Iniciamos el viaje como podemos, desde muy alto, en sinfonía con  el cielo, o desde muy abajo, en lo más profundo de las entrañas de la Tierra. Y sea como sea que brotemos a la vida, avanzamos sin saber jamás a ciencia cierta cómo o hacia dónde.

El tiempo es un río. El amor es un río. La vida es un río.

Entonces,  ¿que tal si hoy me subo a un barco para remontar el río de mi vida,  para pescar recuerdos en aguas profundas, para desanudar algunas sogas que me retienen, para buscar hoyos por donde el agua se filtra? Puede ser que parezca que estoy a  la deriva,  sin rumbo  fijo, pero en realidad estoy recostada sobre la fresca madera de la cubierta,  mirando las estrellas para encontrar dirección, dejándome mecer por el suave ondular del agua.

Mi barco es como el mágico vapor de Florentino y Fermina, el “Nueva Fidelidad”, surcando las aguas del río Magdalena, en un mítico viaje, postergado pero promisorio.

Tiempo hay, aunque jamás de sobra, para navegar, para narrar, para compartir, para aprender, para disfrutar, para vivir…

Ésta es mi bitácora, ésta es mi vida.

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Divididos por la vida.

Posted on 13 agosto 2009. Filed under: Divididos por la vida | Etiquetas: , |

Demediado, separado, partido, desgarrado…  cuántas formas de expresar esa sensación que el ser humano experimenta casi con esapasmosa regularidad a lo largo de la vida. La dualidad del ser y el deber ser, de lo queremos ser y lo que podemos ser, de lo que somos y no somos, nos moldea y nos guía por tal o cual camino. Es una constante universal que traspasa culturas, etnias, religiones y razas. El bien y el mal, el amor y el odio, la oscuridad y la luz, el instinto y la razón, la debilidad y la fuerza, el egoísmo y el altruísmo, hay mucho o un poco de cada uno en  nosotros. Y en la búsqueda del balance perfecto, se nos pasan los años aunque no en vano, porque en la medida en que buscamos equilibrar todas las fuerzas que nos tironean de aquí para allá, podemos superarnos y ser mejores personas.

El amor es encuentro y desencuentro, es unión y separación, es ganancia y pérdida, y nos regala la posibilidad de no sentirnos tan desgarrados, tan solos, tan desarmados.  Amar y ser amados no resulta fácil, aunque en la superficie nos parezca que el ideal romántico de un idilio amoroso está a la mano de cualquiera. Dar y recibir en igual manera,  ceder y aceptar lo que el otro tiene para darnos, hablar cuando sea oportuno y callar en la justa medida son claves para la base sobre la que se construye día a día el  amor.

Hay quienes afirman que somos mitades vagando por el mundo en búsqueda de la otra mitad que nos complemente y nos de unidad y cohesión. Todo aquel que logra encontrar en el inmenso mar de gente su alma gemela, se siente completo, realizado,  porque el maravilloso encastre que se produce trasciende lo químico y lo místico confirmando la frase “destinados a estar juntos”.

Otros con gran lógica creen que si partimos de la base de que uno más uno es dos, esa historieta de la media naranja queda demodé y la descartan de plano porque nos limita las posibilidades de encontrar el amor. Parecería ser que esta creencia resulta más democrática y alentadora y  les abre las puertas a quinens se aferran a creer en el amor, sin importar cuántos fracasos amorosos  carguen en su mochila.

Pero no solo de amor vive y muere el hombre;  hay infinidad de fuerzas contrapuestas que batallan por prevalecer, por destacarse, por rebelarse. Todas nos condicionan y nos definen ante los demás aunque lo que se vea en el exterior sólo sea una cáscara que oculta la verdadera guerra interior , que en silencio y soledad se desata ante cada impulso, cada deseo, cada necesidad.  No es bueno ceder siempre, aunque peor es jamás claudicar… Quien nunca da, tarde o temprano deja de recibir… Y si jamás nos damos permiso para fracasar, difícilmente podamos saborear el éxito.

La vida nos enseña que nadie tiene razón, que todo es relativo, subjetivo, porque cada uno construye su historia como puede y como quiere, y no hay verdades absolutas sino personas y realidades. Lo que funciona  a la perfección para fulano puede ser un fracaso estrepitoso para mengano, y miles de palabras se pueden gastar en opinar y dar consejos para terminar siendo arrastradas por el viento. ..

¿Y tanta reflexión profunda a cuenta de qué viene, pensarán (o no) ustedes? No es solamente el producto impulsivo de una nueva catársis literaria, aunque se siente tan bien escribir de nuevo y romper esa barrera invisible y podersosa que me separaba, que me dejaba incompleta, que me alienaba. No, en este caso hay una segunda intencionalidad en tanta perorata de ruptura y equilibrio, y es la de compartir una joyita de la literatura que entre fantasías y realidades contrapuestas analiza al ser humano en su totalidad, como una entidad formada por mucho más que la suma de sus mitades: El vizconde demediado, del genial Ítalo Calvino.

Para cerrar esta incursión a una temática infinita, no encuentro mejor manera que recomendar el libro, que debe ser degustado con paciencia y cuidado, en pequeñas dosis para alargar lo más posible el disfrute de sus 92 páginas.

Los dejo con una cita del autor acerca de la obra, que servirá de aperitivo si eligen, con buen tino, adentrarse en el mundo del Vizconde de Terralba, protagonista y antagonista de una historia llena de metáforas y de enseñanzas.

“Cuando empecé a escribir El vizconde demediado quería ante todo escribir una historia entretenida para entretenerme yo  mi mismo, y, si acaso, para entretener a los demás; tenía la imagen de un hombre partido en dos y pensé que ese tema del hombre partido en dos, del hombre demediado, era un tema significativo, con significación contemporánea: todos nos sentimos, de algún modo, incompletos, todos realizamos una parte de nosotros mismos y no la otra. Para lograrlo, procuré crear una historia congruente, una historia con simetría, con ritmo de aventura y de cuento  a la vez, pero también como de ballet. Para diferenciar las dos mitades, me pareció que con una mala y con otra buena conseguía el mayor contraste. […] Que esa dos mitades fuesen igualmente insoportables, la buena y la mala, era un efecto cómico y al tiempo significativo […]” Ítalo Calvino, 6 de agosto de 1952

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