Soledades

Posted on 22 julio 2011. Filed under: Soledades | Etiquetas: , |

Existen soledades buenas y malas, soledades del alma y del cuerpo, soledades que entristecen o alivian. Somos, por naturaleza, seres que buscamos la compañía del prójimo, que evitamos la ausencia, que interactuamos para no perder nuestra escencia humana o para no andar a la deriva por la vida. Todo es mejor de a dos, o de a tres, o de a muchos. Porque, si no hay con quien compartir la felicidad, el triunfo, el éxito, ¿sirven estos logros de algo? Es como la filosófica pregunta del árbol cayendo en un bosque sin nadie que lo escuche…

Y quién mejor para contar su soledad que un narcoléptico. En un mundo donde todo puede ser mirado, medido, escaneado,  expuesto de adentro hacia afuera y viceversa, ¿cómo explicar una enfermedad solitaria e invisible, con síntomas tan íntimos y privados que la mayor parte del tiempo permanecen ocultos? Lo que no se ve, no existe. Lo que no se manifiesta, no es. Lo que no se conoce, no se comprende. De ahí la eterna soledad que nos acompaña aún en un lugar plagado de personas. La soledad de cada noche, aún cuando tenemos la suerte de tener a nuestro lado un cuerpo cálido que hace que la cama no parezca un mar sin fin en el que podríamos perdernos. La soledad de cada mañana, de cada despertar, de cada cansancio, de cada insomnio, de cada sueño. Una mochila pesada que arrastramos sin tregua, una almohada rellena de plomo y no de plumas, una carga que nos acompaña día y noche, pero que no se ve. Y si no se ve, existe para los demás? Porque tener el alma cansada y el cuerpo agotado no parecen ser síntomas tan graves… Si tan solo te salieran puntitos de color violeta y verde en la cara, no sería tan difícil hacerle entender al resto del mundo que algo serio nos pasa por debajo de la piel, más allá del mundo de la vigilia y un poco más cerca  del universo de los sueños.

Pero a no malinterpretar, que no es que quiera sumar problemas dermatológicos  a los que ya tenemos anotados en La Libretita del Buen Narcoléptico. No señor, gracias señor. Esto es tan solo el divagar de una mente huraña por naturaleza, que quiere contar con palabras lo que no puede mostrar y busca algo de compañía para escaparle un poco a la soledad…

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Leo tu blog en cada vuelta que da esta calesita. No estás sola. Te juro que te entiendo. Tanto vos, como yo con mis realidades gluten free en mi familia, nos enfrentamos por diversas etapas. En ese camino, no siempre nos sentimos comprendidos,ni apoyados. El mundo, en muchas oportunidades minimiza lo que nos pasa.
Mi teoría ( y quién soy yo para tener una?) es que todo parte de la desinformación, NUESTRO PEOR ENEMIGO.
Está en nosotros es que abramos la mochila y pongamos en palabras, tan desoladas pero tan sinceras como en este post, o quién sabe con qué otras emociones en alguna oportunidad, para que los demás conozcan un poquito más y aprendan a entendernos.
Un gran médico me enseñó algo que me sirvió mucho y que fue el motor de mi lucha : NO PODEMOS CAMBIAR NUESTROS GENES, PERO SÍ PODEMOS CAMBIAR AL MUNDO.
Claro que uno no siempre tiene ganas de ir con la bandera ni el estandarte de su lucha. Hay momentos en que la soledad, como decís vos, puedes ser un momento de paz interior. Pero si esa mochila pesa demasiado, no dejes que la soledad sea tu único destino.


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