Y la banda siguió tocando.

Posted on 10 julio 2010. Filed under: Y la banda siguió tocando. | Etiquetas: |

La imagen, un gigantesco y lujoso transatlántico hundiéndose inexorablemente en un helado y tranquilo mar de hielo. De fondo, se escucha el crujir de la nave que logra cubrir los gritos de pánico de miles de personas. Una visión dantesca, sin duda alguna. Pero hay algo más que cautiva la mirada del espectador y  lo aleja de la tragedia: una banda, la lujosa banda de la embarcación, no enmudece. Sus músicos, ya sea paralizados por el miedo o resignados ante el inminnete destino, tocan los últimos acordes de una melodía que quedará inconclusa. Tocan, y siguen tocando hasta que ya les es imposible mantenerse en pie. Y el final llega, más tarde o más temprano para unos y otros, pero llega.

La vida continúa, para bien o para mal, y esta es una ley tan probada como la mismísima ley de gravedad. Aún cuando pensemos que ya nada tiene sentido, que nada peor o mejor puede pasar, el mundo sigue  girando y el día sucede a la noche. Qué injusto que parece  por momentos, esos momentos en los que gritaría “paren todo ya”. Es que hay dolores  tan grandes y tan insoportables, propios y ajenos, que merecen que todo se paralice. Pero esto no sucede. No puede suceder. Porque la vida debe continuar, por más imposible que parezca.

Esa es mi reflexión hoy, triste pero aunque no se note mucho, optimista. Vuelvo a mi blog, a mis palabras, buscando un poco de paz y devolviendo algo de todo lo que he recibido. Sigo adelante, dos pasitos, tres pasitos, diez, treinta, caminando despacito pero con una dirección fija: la búsqueda de la felicidad. Y cada día, en distintos lugares y situaciones, la encuentro un poquito. Sólo hay que saber dónde buscar y no perder de vista lo realmente importante, que no es sinónimo de grande o de mucho.

De yapa, acá va una listirijilla de algunas maravillas de la vida que son el combustible de mi alma y mi corazón:

  • La risotada golosa y contagiosa de Mila, que quita penas y roba sonrisas.
  • Los piecitos saltarines de Titi, tan delicados que parecen flotar, como si tuvieran alitas, revoloteando por la casa, a toda hora.
  • Ese olor a café recién hecho, que me dice que Nacho se tomó los minutos necesarios y preciados antes de irse, para prepararme la mágica bebida que constituye el inicio del ritual mañanero.
  • Mi jauría de cachorros, listos para entrar corriendo y treparse al silllón a juguetear con mis ovillos de lana, luego de un efusivo saludo perruno.
  • Las manos de mi madre, como cantaba Mercedes, esas manos sabias y cansadas, que con suaves caricias pueden hacer desaparecer las angustias.
  • El clan de los goonies locales: Mila, Titi, Valen, Rocco, Manu y Sofi. Jugando en el “barco pirata”, corriendo detrás de una pelota, inventando búsquedas de tesoros y disfrazándose de perro-vacas, ranas, bailarinas o cowboys, en bicis voladoras, skates o a pié, haciendo lo que mejor hacen: ser niños.
  • Simón, ese angelito regordete, con olor a galletitas y piel suave como el algodón, que tocó mi corazón y endulzó un poco más mi vida.
  • Una noche de descanso sin pausa, repleta de locos sueños cinematográficos.
  • Mis lanitas y la paz que me da sentarme a tejer como una viejita de 80 años,  con mejor vista y menos arrugas y feliz como una lombriz.
  • Mis fieles perritas, ese loco par de peludas mascotas, que cuando me ven enferma, trepan a mi cama, desobedeciéndo la órden de “el acolchado nuevo no!!” y se acurrucan a mi lado para hacer guardia y vigilar mi reposo.
  • Las noches de películas o series, en la comodidad del sillón o la cama, acompañadas de unas sabrosas empanadas árabes de Anto.
  • El amor fiel e incondicional, que no sabe de egoísmos ni límites, que crece, madura, muta, se adapta pero jamás mengua. Mi amor, Nacho, el verdadero y puro amor, que no claudica ni se deja vencer.

… Y podría seguir y seguir con esta lista, porque me encantan las listas, y tal vez sólo tenga sentido para mí. Pero no importa. Vale la pena tomarse el tiempo para valorar lo que tenemos, lo que dejamos atrás, lo que nos espera o lo que proyectamos aún sabiendo que tal vez no se haga realidad. Porque el tiempo pasa, y el mundo no se detiene, y hay que seguir en movimiento sin perder de vista nuestro propio ritmo. Así que, a ponerse un par de cómodas zapatillas y a gastar las suelas, porque la vida sigue y es mejor no quedarse muy atrás.

Felices vacaciones a todos!!!!!!!

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